Capítulo
Primero:
- Es lo único que veo señor, dildos, dildos y más dildos. ¿Ve su propia cara? Es una puta pregunta retórica porque sé que no, ¿pues sabe que veo yo?, una polla. Esos huevines que tiene en la cara, tan perfectos, orondos y perfilados que dan ganas de metérselos por el culo, eso es lo que veo y lo que siento. Cuando se afeita, lo único que siento es placer, es como penetrarse a uno mismo pero sin sentir el típico roce irritante de esos pelos púvicos y a la vez públicos; porque como sabrá mucha gente me la ha comido y ha disfrutado tanto como lo hace Antonio Gala metiéndose su bastón barnizado y encerado con ese desliz que da gusto.
- Le entiendo perfectamente Wences, todo el mundo pasa por esa etapa, en mi caso fueron mierdas lo que veía, así ahora, mi carácter coprófago, con preferencia exhaustiva por las mierdas recién hechas de caldo de verduras.
- Entonces, ¿qué tengo que hacer doctor? ¿Sentarme y autofelarme hasta que no me guste?, ¿penetrarme hasta que mi prolapso se desgarre, o simplemente suicidarme? Creo que optaré por la última, es el único mundo libre, donde puedo ver pollas y nadie me puede juzgar. Me colgaré, pero antes de dejar este mundo me haré una gallarda, una gran gallarda; épica diría yo. Todo ese semen saldrá disparado, la frecuencia de la luz rebotará en él y se alumbrará y brillará como un gran arcoíris con los colores de España. ¡Sí! ¡Joder! ¡VIVA ESPAÑA!
- Veo, Wences, que no sólo tiene un trastorno sexual, sino también mental. Nunca había observado este caso. Creo que lo tendré que estudiar exhaustiva y paulativamente… Pero siento decirle que no existe ningún tratamiento contra ese trastorno. Sólo la mente te podrá salvar, sólo el ingenio… Por eso le recomiendo que coma zanahorias.
Capítulo
Segundo: Death Gum
Jimmy, que era como en realidad
se llamaba, salió de la consulta.
“¿Zanahorias?
¿A quién se le ocurre? ¿Unas putas zanahorias me van a curar la
progeria? ¡Las zanahorias sirven para paliar la homosexualidad y la
transexualidad, para prostituir y corromper, alimentar conejos y
satisfacer maricones…! ¡En ningún caso son apropiadas para tratar
mi progeria!”
A Jimmy
nunca le gustaron las zanahorias, desde que entró en el ghetto de
“Los Conejos” su vida cambió a peor. Por eso, quizás se
convirtió en superhéroe. Se hacía llamar SuperProg y disponía de
unas habilidades telequinésicas interesantísimas. Sin embargo, lo
dejó. Muchos lo achacan a su irreversible progeria, pero yo prefiero
pensar que pasaba de trabajar para la corrupta policía canadiense.
Estos días, su progeria iba a
peor, los médicos redactaban miles de informes sobre prolapsos y
tumores malvados. Jimmy sabía que su vida era una mierda, y que
pronto moriría de sobredosis encefálica. Así que decidió hacer
algo por lo que llevaba toda su vida esperando: ajusticiar a Adalia
Jones, su villana más contrapuntística.
Jimmy
conocía su paradero gracias a los rumores que rondaban por la
ciudad. No dudaba de que se ocultara en alguna chabola en el ghetto
de “Los Conejos”… Adalia nunca supo esconderse bien, pero era
una erudita en el amor. Había amasado una fortuna robando bancos con
amor, y lograba evadirse de la ley con, bueno, también con amor.
Gracias a todo ese dinero, pudo comprarse una chabola de primera
clase en ese pútrido ghetto.
Para llegar hasta su casa,
Jimmy solo tenía que caminar un par de manzanas más allá de su bar
favorito llamado “El Tonsilolito”. No fue una dura caminata.
-¡Adalia! –
gritó Jimmy con su voz progérica.
-…
-¡¡Adalia
Jones!!
Esa puta no contestaba…
Se armó de valor, rompió de
una patada la puerta. Entró por ese decorado vestíbulo. “Zorra”,
pensó, olía a chumino fresco por todas partes. Subió las escaleras
de mármol, registró cada habitación… Nada. Ni rastro de ella.
Tenía la esperanza de encontrarla, debía de estar cerca. Los
niveles de adrenalina en la sangre descendieron, el ambiente se
relajó.
-¡¡¡Rojos, no gracias!!!
¡Vaya! Ése era el tono del
móvil de Jimmy
-¿Aló?
-Señor Progeria, menudo
trabajo ha realizado, me ha dejado impresionado.
-Wut de fak?
-He hablado de usted a mis
jefes y me han autorizado a ofrecerle un puesto de trabajo.
-Eh… no, gracias.
-Ha demostrado ser un hombre
resuelto, veo que no tendrá problema al tomar una decisión.
Colgó… ¿Qué coño era eso?
-Jesús me ama- Joder ¡la puta
Adalia estaba detrás de Jimmy! A pesar de todo, intentaba mostrarse
lo más impasible posible.
-Ha llegado tu hora, ramera
-No lo creo, a ti no te ama
Jesús
SuperProg usó sus poderes
prudentemente, un error tonto, y su vida se esfumaría fácilmente.
Adalia Jones estaba muy convencida. Sin embargo, ese día le llegó
el periodo; lo que bloqueó la mayor parte de sus poderes amorosos.
Al final, bastó con un pollazo
en la cara para matarla. Jimmy había logrado su felicidad.
Desafortunadamente, todo su trabajo se vio mermado por la creciente
progeria. Ya estaba con un pie en el Reino de Dios.
La cabeza le iba a estallar, no
lo aguantaba más; ahora lo recuerda, sí: en el bar “El
Tonsilolito” había alguien que significaba su última esperanza.
Capítulo
Tercero: Fraga se murió pero las Cíes siguen ahí
Un hombre entró corriendo en
el bar. Estaba aturdido, sudaba y su cabeza parecía hinchada.
“¡Volfram!” exclamó, “¡Volfram, por Visnú, ayúdame!”
Entonces Volfram dejó su copa, se giró e intentó saludar al
exhausto hombre, pero antes de que pudiese decir “buenas noches,
amigo”
¡BOOM!
El cráneo de aquel señor se
esparció por toda la taberna. El camarero soltó un “otra vez no”
y Volfram volvió a prestarle toda su atención al queridísimo
compañero que era el alcohol. Lamentablemente tuvo que volver a
posponer su encuentro ya que el trozo de globo ocular que se aposentó
encima de los nachos le recordó la visita que Tomás de Aquino le
había hecho hacía meses. Tomás, Tom para los amigos, le comentó
que si algún día se encontraba con un ojo encima de unos nachos, el
momento de luchar contra Cthulhu habría llegado. Para ser una
alucinación producto de las drogas, su predicción fue bastante
exacta. Aún así le parecía muy vaga. ¿Cthulhu? ¿No podía ser un
devorador de mundos más original? A Volfram no le hacía gracia
enfrentarse a la creación de un racista misógino. Sería más
divertido si el malo fuese una fusión entre Hitler y, bueno, ¿por
qué no... Kant? Sí, lo sería. Y se llamaría... KANTLER.
Un ser deforme pero con gran agilidad, inteligente y enormemente
cruel. Sería perfecto, un destructor de mundos original. A su lado
Cthulhu no era más que la creación de un racista misógino. “A
tomar por culo Tom y su mierda de Cthulhu”, pensó W. Decidió
crear a Kantler. Para empezar, necesitaba un arma con la que poder
acabar con su archienemigo tras elaborar una historia de venganzas y
traiciones. “Camarero, deme una Magnum” exclamó. El tabernero
cogió una pistola del cajón junto con unas balas y se las pasó a
W. mediante un estiloso y sutil movimiento de muñeca.
Al salir de la taberna, Volfram
comenzó a lucubrar sobre la historia del malvado Kantler. Después
de un largo paseo, esta nueva imagen del mal resultó ser el
comandante de un ejército zombie. Entonces los vio: millones de
no-muertos deambulando por la ciudad, haciendo imperar el caos. W.
pensó en una frase ingeniosa, la susurró tomando una pose
jactanciosa y empezó a avanzar hacia la gran torre que se levantaba
en el centro de la ciudad disparando a los zombies, quienes se
percataron de su presencia y se avalanzaron sobre él.
Entonces llegó al edificio
falomorfo, agarró el lanzallamas que se encontró en las manos de
uno de los soldados del devorador de mundos y se dispuso a subir las
escaleras que ante él se encontraban. A pesar de la pasión que le
llenaba el pecho, su subida fue paralizada por la bestia más fuerte
después de Kantler: Plutarco. Aquella obesa mole balbuceó “Voy a
penetrar tu hígado” y, armado con su hacha, atacó a nuestro
protagonista. Éste agarró su nueva katana y asestó un tajo en el
cuello de Plutarco. Durante cinco minutos, litros de pura grasa
fueron escupidos a través del orificio hasta que la sangre empezó a
brotar. Una vez muerto el monstruo, Volfram subió las escaleras y se
encontró con su archienemigo, el ser que destruyó a su familia (a
su superdependiente, superfeliz y supercaucásica familia): Kantler.
“No importan tus ansias de
venganza” exclamó el malvado, “te aniquilaré como aniquilé a
tu preciosa mujer y a tu preciosa hija”. Entonces, Volfram encendió
su lanzallamas y derritió al destructor. “Demasiado fácil”,
dijo con una voz aterciopelada.
“¡QUE
VOY A CERRAR, SOPLAPOLLAS!”
El camarero asustó
a W. “Joder, estaba pensando. Déjame en paz hijo de puta”. Éstas
fueron las palabras exactas que Volfram pudo expulsar de su boca
antes de que le echasen a patadas. Ya tenía la historia, lo único
que le quedaba era hablar con los de Hollywood para empezar con el
rodaje.
Lamentablemente,
el espíritu de Kantler mantuvo su existencia y buscaba un nuevo
cuerpo para llevar a cabo su venganza de la venganza: La Revenganza.
Capítulo
Cuarto:
Así, esa retorcida alma vagó
durante años por el mundo, sin encontrar a nadie lo suficientemente
apto ara su utilización, y un día se dio cuenta de que no sabía
qué estaba haciendo. El paso del tiempo, que es diferente para los
vivos que para los muertos, había borrado de su mente el objeto de
su pesar, y aunque recordaba querer venganza, ya no recordaba contra
quién, ni por qué, y por poco halló paz. Ahora bien; como ya no
tenía un propósito para su vida (muerte), las horas, los días, los
meses, los años... se le hacían interminables, y se dijo a sí
mismo “si voy a seguir así para siempre, será mejor que me
entretenga de alguna forma”. Porque al fin y al cabo tenía por
delante la eternidad, y ya no tenía nada que perder.
Así que hizo turismo, y
básicamente siguió viajando por todo el mundo, pero ésta vez lo
disfrutaba, y se sentía libre y hacía lo que quería (bueno, lo que
le permitía su condición). Pero después de un tiempo se aburrió
de viajar, y quiso encontrar un hogar para él. No podía comunicarse
con los vivos, y no podía comprarse una casa, o alquilar un piso
(todo estaba muy caro, la burbuja...) así que pensó en construirse
su propia cabaña en el bosque.
Subió una alta montaña y
encontró un claro cerca de un río que le pareció el sitio ideal, y
empezó a planificar y a cortar madera (no le era muy difícil porque
podía hacerlo con las manos). Pero su presencia no pasó inadvertida
a los animales de la zona, que huyeron pensando que el claro estaba
encantado. “Bien” pensó Kantler, “más sitio para mí”. Pero
los animales acudieron a los Espíritus del Bosque, quienes estaban
ociosos tras años de no proteger indios (ya sabéis...todos muertos)
y los Espíritus se sintieron útiles de nuevo y acudieron a la
llamada de los animales. Kantler estaba haciendo su cama
(fabricándola, se entiende) cuando un Oso, un Lobo, un Ciervo y un
Tejón brillantes y ominosos aparecieron en el claro. Él les miro, y
ellos le miraron. Les quiso ofrecer algo de beber, pero lo
rechazaron. Entonces le amenazaron, y le dijeron que no tenía nada
que hacer en ese lugar,y que se marchara si no quería sucumbir ante
su maravilloso poder. Pero Kantler se rebeló, y les dijo que ése
era ahora su bosque, y que le dejasen en paz. Entonces el Tejón, el
más inexperto (por no decir estúpido) de los espíritus, se
adelantó y maldijo a su enemigo, y le condenó a estar anclado a ese
claro y a esa cabaña por toda la eternidad. Y a Kantler le pareció
bien, porque no tenía malas intenciones para con los animales, y
después de apalizar al Tejón los otros espíritus se dieron cuenta
de que los animales ya no tenían miedo, porque el malvado fantasma
estaba atrapado, y el Tejón se convirtió en el Rey, y
posteriormente en tirano. Pero esa es otra historia.
El caso es que Kantler acabó
su cabaña, y la equipó con todas las comodidades que se le
ocurrieron, y una vez más estuvo a punto de hallar la paz. Pero los
años seguían pasando, y poco a poco todo le iba pareciendo menos
interesante, porque ya nada era nuevo para él. Entonces unos
montañistas encontraron la cabaña, y entraron y les pareció un
lujo, porque Kantler la mantenía limpia y ordenada, y había
aparatos eléctricos funcionando gracias a los poderes del fantasma
(y al pirateo de la red eléctrica local). Pero cuando entraron, el
propietario estaba echando una siesta, y no se enteró de la visita.
Sin embargo, le sorprendió encontrar la puerta abierta, y dedujo
hábilmente lo que pasaría.
De esta forma, a la semana
siguiente un grupo de amigos de estos montañistas llegaron a la
cabaña encantada sin saber que lo estaba.
Capítulo
Quinto:
A
la primera noche los ruídos los dejaron en vela por el terror de no
saber que ser los producía,al día siguiente al toparse con zombies
vampiro fantasmas sintieron aliviadas sus dudas antes de gritar y
echarse a correr como nenas.
CONTINUARÁ....
Ah,no,que
los zombies vampiro los han cogido y a los pocos que consiguieron
salir tenian a Slenderman esperandoles fuera.
SE
FINÍ
AUTORES:
Capítulo Primero por Gorgran "El Potac"
Capítulo Segundo por X
Capítulo Tercero por Krispy Kream McDonald Jr.
Capítulo Cuarto por Dr. Robopollo
Capítulo Quinto por Max Power
El equipo habitual de Mahajanga Pignoraticia les pide disculpas por el capítulo último, el autor es nuevo y probablemente no vuelva a escribir con nosotros ni para nosotros.