De camino al río, una inmensa
sombra les agazapó los ojos ante tal drogadicción de cicuta. Adolf
miraba al infinito tal y como lo hacía el batería de Extinción de
los Insectos. Su mirada neohipster atravesaba láminas opacas de
aire, mientras el olor a meth contaminaba el ambiente. Nada sucedió,
no era una caída, sino un terreno llano con tal inclinación que no
tenía sentido. Los bastones y conos de sus globos oculares se
encontraban girados unos 80º dirección norte-sur. Lo veían todo
torcido. Sus penes estaban al revés, su culo también, ensartando
una forma conicular hacia fuera: roja, gruesa y apetitosa.
Un ford fiesta se dirigía por
la línea de tierra intersecando con el horizonte en un punto de
corte de coordenadas desconocidas para el espacio en el que, mierda
de científicos como Darwin y cojos como Stephen Hawking formulan
nuevas teorías para entender la realidad en la que vivimos; que
según el gran filósofo Descartes es la puta "res cogitans", para
otros Rudolf Hess.
Evolucionando de potencia a
acto, sufrieron la no atípica erección matutina a medida que iban
recuperándose cara la ficción de verdad, "la truly one", (esto no era
más que la mierda de el presente vaticano creado por Pio Baroja en
su libro, “Déjalo de mamar”)
PRIMER CAPÍTULO
"DE LOS ACERTIJOS EN LA VARIACIÓN DEL VECTOR POSICIÓN RESPECTO AL TIEMPO"
- ¡Ya están aquí! ¡Allá vamos!
- ¿Ya? Seguro que estaban avisados, y eso es hacer trampa. ¡Cuando encuentre al chivato que..!
- Céntrate en conducir. Ya jugaremos más tarde al Barril Pirata cuando encontremos al listo que se haya ido de la lengua. Por cierto, ¿crees que eso es una pistola?
- ¡Alto, Policía! ¡Alto o disparo! *BANG! BANG!*
- ¡Ahahaha! ¡Yo diría que lo es!
- Perfecto, hermano. Creo que voy a probar puntería. Haz el favor de subir el volumen.
- Me encanta esta canción.
- ¡Eh, cerdos! ¡Estaos quietos, o podría hacer daño a alguien! ¡Yee-hah!
- ¡Deteneos y entregaos! ¡Es el último aviso!
- ¡Pero si paramos ni vosotros ni nosotros continuaríamos con este pasatiempo tan agradable! ¿No queréis jugar un rato más?
- … ¡No escaparéis!
- ¿Lo has oído, hermano? ¡No escaparemos!
- ¡Pregúntales si aceptan apuestas! ¡Ahahahaha!
Así solía ser la vida para los
hermanos más buscados de Canadá. No robaban por el dinero, ya que
el dinero por el dinero es inútil; y si quisieran un mayor estatus
social lo harían de forma más... políticamente correcta. Tampoco
les hacían falta la mayoría de botines, que acababan desperdigados
en alguna cuneta. Sólo pensaban en la velocidad, la adrenalina, la
vida al límite como en las películas. Volar por las carreteras al
más puro estilo Hollywoodiense. Al principio competían entre sí,
hasta que un día la policía montada apareció entre la espesura y
les intentó frenar. Entonces descubrieron que a cuantas más
personas invitaran, mejor sería su fiesta. Con el tiempo se labraron
una reputación en los bajos fondos, y hasta eran contratados de vez
en cuando por las mafias más poderosas del país, como los “Wampas”
o la “Corporación TIC”. Les contrataban para hacer envíos, para
robos, o para cualquier trabajo que tuviese la ocasión de acabar
corriendo contra la policía. Y ellos aceptaban encantados, siempre
que veían esa oportunidad. Saltaron al ámbito internacional cuando,
aprovechando un viaje a Europa, se colaron en el GP de Valencia de
Formula 1, destrozando más de la mitad de los bólidos
en el proceso. Una noche, sin embargo, desaparecieron sin dejar
rastro. Ésta es (en un principio) su historia.
- ¡Pregúntales si aceptan apuestas! ¡Ahahahaha!
- ¡Hermano, delante! ¡Cuidado!
La policía había puesto una barrera de abrojos.
- Les tenemos. Es completamente imposible que pasen a esa velocidad sin pinchar.
- Tranquilo, hermanito. ¿Recuerdas aquel favor que me debía Charlie? Me consiguió unos neumáticos de un material extrañísimo del que no recuerdo el nombre, pero están blindados. Observa.
Pasó sin problemas por encima de la trampa y siguió su camino a
toda velocidad, dejando atrás a los atónitos gendarmes.
- Es genial, pero así se acaba la diversión. A no ser...
- ¡Maldita sea! ¿Cómo lo han hecho?
- Jefe, ¿están haciendo lo que yo creo?
- ¡Se están burlando de mí, y por tanto del orgulloso cuerpo de Policía de Canadá! ¿Qué hacen conduciendo marcha atrás?¡No voy a permitir esta conducta ni un minuto más!
- ¿Adónde va, jefe? ¡Oh, claro! El lanzacohetes...
- Hermano, eres un genio. ¡Vamos, cerdos! ¡Venid a por nosotros!
- Creo que va a ser mejor que huyamos. No querrás eso metido en tu culo esta noche.
- ¿Qué? ¿Por qué? Espera... ¡¡Eso es un cohete!! ¡Ahahaha! ¡Parece que al jefe le caemos gordos! ¡Vamos a...! ¿Eh?
- No puede ser...
- Maldita sea... el motor...*CRASH*
- Jefe, tiene usted una puntería excelente. ¿Pero no cree que es excesivo?
- Puede que para ti sí, porque tienes sangre francesa, pero por mis venas corre sangre americana. No puedo permitir tamaño ultraje a los símbolos nacionales.
- Pero...
- Id a recoger los cuerpos.
Los hermanos se dieron por muertos, pero el coche fue bajando por el río hasta parar en una cabaña en el bosque.
SEGUNDO CAPÍTULO
“DE LA INFERENCIA
POSTCYBERPUNK ANTE LA PIPA DE GANDALF”
Lou salió de su choza y vio el
coche justo delante de él. Después de comprobar que no había nadie
dentro, se divirtió destrozándolo con el hacha hasta que decidió
prenderle fuego. Tras la explosión se colocó con cuidado su enorme
sombrero de copa, se ajustó la pajarita, recogió su material y
salió del bosque con una gran sonrisa en su cara, decidido a
afrontar una nueva jornada laboral.
Antes de continuar deberíamos
aclarar su profesión. Lou se encargaba de limpiar la ciudad de lo
que ya no valía, de lo inútil, de la contaminación que generaba...
la basura. Era un oficio humilde, pero le llenaba. Se sentía feliz
haciéndolo y no le importaban las críticas negativas que casi
siempre recibía su trabajo. Bien, aclarado ésto podemos continuar.
Por fin en la ciudad. Pese a
las numerosas veces que lo recorrió, el camino siempre le pareció
demasiado largo. Quizá debería mudarse a un lugar algo menos
alejado... Nada más salir del siempre frecuentado bar, se encontró
con una “mujer” de unos 80 años sentada en su silla de ruedas.
Probablemente la utilizaría por su sobrepeso o porque las piernas ya
casi no le funcionaban. Lamentablemente estaba acompañada, pero Lou
sabía distraer bastante bien a la gente. Una vez solos, se la llevó
a un callejón cercano. Aquellos hediondos ojos miraban confusos
hacia atrás mientras nuestro afable protagonista agarraba su
machete. Al llegar al fondo del callejón se pusieron cara a cara y,
tras un pequeño silencio, balbuceó algo que Lou entendió como
“¿qué vas a hacer?”, a lo que respondió con “sanear”.
Entonces los “brazos” y “piernas” de ese ser inmundo
empezaron a derramar sangre hasta que acabaron separados del resto
del cuerpo. Durante el proceso, aquella cosa no dio problemas, pues
no era capaz de alzar la voz para llamar a su antiguo acompañante. A
Lou le gustó ese detalle. Era tan modesto que prefería trabajar a
solas para que nadie le atribuyese el mérito. Además, desmembrarla
no le llevó mucho tiempo, su pútrida carne estaba exageradamente
blanda y el machete concienzudamente afilado. A continuación tocaba
la parte que menos le gustaba: tirar los restos. El simple hecho de
pensar en tocar aquella “piel” era repugnante, incluso antes de
empezar el trabajo. Pero había que hacerlo. Alguien debía hacerlo.
Antes de deshacerse de lo que
quedaba de aquel horrendo ser, Lou decidió guardar la enorme y
asquerosa papada como trofeo, así que la separó del resto y la
guardó en una bolsa... dentro de otras tres. Volvió al bar a
lavarse las manos y decidió buscar un poco más, todavía era
temprano.
Después de limpiar un poco el
colegio para los “especiales”, la jornada tocó a su fin. Lou
completó su pequeña contribución para conseguir un mundo mejor y
volvió a casa. Mientras caminaba, se indignó de nuevo con aquella
escuela. “Especiales” siempre le pareció un adjetivo demasiado
benévolo para describir a aquellos engendros de la naturaleza. Y que
intentasen proporcionarles una enseñanza le parecía una tomadura de
pelo inmensa. Con la de seres humanos que lo necesitan y les dan el
dinero a esas aberraciones a los que algunos tienen la desfachatez de
llamar “personas”...
Nuestro amigo llegó a su
cabaña, colocó su trofeo junto al pedestal de Darwin, se
tranquilizó con un chocolate caliente y se tumbó en cama con la
esperanza de tener dulces sueños.
Lo que no os he contado es que
un corrupto servidor de la ley, policía si lo preferís, había
estado siguiendo a Lou hasta su cabaña y estaba dispuesto a
matarle...
TERCER CAPÍTULO
“DEL
ENCUENTRO ENTRE PANDHO Y MOLLY”
PANDHO.- Dime,
Molly, ¿estuviste tú mismo con Lou cuando feneció en su cabaña, o
lo que sabes de sus últimas horas te lo refirió alguien?
MOLLY.- Estuve yo
mismo.
PANDHO.- ¿Qué
dijo Lou antes de morir y cómo murió? Me agradaría saberlo, porque
no hay hoy día un ciudadano de Gotham City que esté en relación
con Pueblo Lavanda y que nos haya podido dar más informes de este
asunto, sino que Lou murió mientras descansaba en la cabaña. Más,
no hemos sabido.
MOLLY.- ¿Entonces
ignoras cómo ocurrió el trance?
PANDHO.- Esto sí;
alguien nos dijo, y nos extrañamos mucho, que Lou no murió hasta
mucho después de los sucesos en Black Mesa. ¿A qué se debió esto,
Molly?
MOLLY.- A una
casualidad: […]. Por esto permaneció tanto tiempo en Pueblo
Lavanda.
PANDHO.- ¿Y qué
hizo el día de su muerte? ¿Qué dijo? ¿Quién de sus amigos
estuvieron aquel día? ¿Prohibió el consejo de ancianos que fueran
a visitarle y murió sin que le asistieran sus amigos?
MOLLY.- Nada de
eso; le acompañaron sus amigos, y por cierto muchos.
Molly vierte el
contenido de la tetera en su taza. Se bebe el té.
MOLLY.- No hay
para mí placer mayor que recordar a Lou, bien sea hablando de él u
oyendo hablar de él a otros.
PANDHO.- Puedes
estar persuadido que la misma es la disposición de los que te
escuchan. Cuéntame todo detalladamente, ¿dispones de un poco de
tiempo para un viejo amigo?
MOLLY.- No.
SE
FINÍ
P.D: Molly huye
corriendo.
AUTORES:
Prólogo por Gorgran "El Potac"
Prólogo por Gorgran "El Potac"
Primer Capítulo por Dr. Robopollo
Segundo Capítulo por Krispy Kream McDonald Jr.
Tercer Capítulo por Sexy Boy
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