viernes, 11 de enero de 2013

Cadáver Exquisito Underground


              PRÓLOGO

De camino al río, una inmensa sombra les agazapó los ojos ante tal drogadicción de cicuta. Adolf miraba al infinito tal y como lo hacía el batería de Extinción de los Insectos. Su mirada neohipster atravesaba láminas opacas de aire, mientras el olor a meth contaminaba el ambiente. Nada sucedió, no era una caída, sino un terreno llano con tal inclinación que no tenía sentido. Los bastones y conos de sus globos oculares se encontraban girados unos 80º dirección norte-sur. Lo veían todo torcido. Sus penes estaban al revés, su culo también, ensartando una forma conicular hacia fuera: roja, gruesa y apetitosa.
Un ford fiesta se dirigía por la línea de tierra intersecando con el horizonte en un punto de corte de coordenadas desconocidas para el espacio en el que, mierda de científicos como Darwin y cojos como Stephen Hawking formulan nuevas teorías para entender la realidad en la que vivimos; que según el gran filósofo Descartes es la puta "res cogitans", para otros Rudolf Hess.
Evolucionando de potencia a acto, sufrieron la no atípica erección matutina a medida que iban recuperándose cara la ficción de verdad, "la truly one", (esto no era más que la mierda de el presente vaticano creado por Pio Baroja en su libro, “Déjalo de mamar”)



PRIMER CAPÍTULO
"DE LOS ACERTIJOS EN LA VARIACIÓN DEL VECTOR POSICIÓN RESPECTO AL TIEMPO"

  • ¡Ya están aquí! ¡Allá vamos!
  • ¿Ya? Seguro que estaban avisados, y eso es hacer trampa. ¡Cuando encuentre al chivato que..!
  • Céntrate en conducir. Ya jugaremos más tarde al Barril Pirata cuando encontremos al listo que se haya ido de la lengua. Por cierto, ¿crees que eso es una pistola?
  • ¡Alto, Policía! ¡Alto o disparo! *BANG! BANG!*
  • ¡Ahahaha! ¡Yo diría que lo es!
  • Perfecto, hermano. Creo que voy a probar puntería. Haz el favor de subir el volumen.
  • Me encanta esta canción.
  • ¡Eh, cerdos! ¡Estaos quietos, o podría hacer daño a alguien! ¡Yee-hah!
  • ¡Deteneos y entregaos! ¡Es el último aviso!
  • ¡Pero si paramos ni vosotros ni nosotros continuaríamos con este pasatiempo tan agradable! ¿No queréis jugar un rato más?
  • … ¡No escaparéis!
  • ¿Lo has oído, hermano? ¡No escaparemos!
  • ¡Pregúntales si aceptan apuestas! ¡Ahahahaha!
Así solía ser la vida para los hermanos más buscados de Canadá. No robaban por el dinero, ya que el dinero por el dinero es inútil; y si quisieran un mayor estatus social lo harían de forma más... políticamente correcta. Tampoco les hacían falta la mayoría de botines, que acababan desperdigados en alguna cuneta. Sólo pensaban en la velocidad, la adrenalina, la vida al límite como en las películas. Volar por las carreteras al más puro estilo Hollywoodiense. Al principio competían entre sí, hasta que un día la policía montada apareció entre la espesura y les intentó frenar. Entonces descubrieron que a cuantas más personas invitaran, mejor sería su fiesta. Con el tiempo se labraron una reputación en los bajos fondos, y hasta eran contratados de vez en cuando por las mafias más poderosas del país, como los “Wampas” o la “Corporación TIC”. Les contrataban para hacer envíos, para robos, o para cualquier trabajo que tuviese la ocasión de acabar corriendo contra la policía. Y ellos aceptaban encantados, siempre que veían esa oportunidad. Saltaron al ámbito internacional cuando, aprovechando un viaje a Europa, se colaron en el GP de Valencia de Formula 1, destrozando más de la mitad de los bólidos en el proceso. Una noche, sin embargo, desaparecieron sin dejar rastro. Ésta es (en un principio) su historia.
  • ¡Pregúntales si aceptan apuestas! ¡Ahahahaha!
  • ¡Hermano, delante! ¡Cuidado!
La policía había puesto una barrera de abrojos.
  • Les tenemos. Es completamente imposible que pasen a esa velocidad sin pinchar.
  • Tranquilo, hermanito. ¿Recuerdas aquel favor que me debía Charlie? Me consiguió unos neumáticos de un material extrañísimo del que no recuerdo el nombre, pero están blindados. Observa.
Pasó sin problemas por encima de la trampa y siguió su camino a toda velocidad, dejando atrás a los atónitos gendarmes.
  • Es genial, pero así se acaba la diversión. A no ser...
  • ¡Maldita sea! ¿Cómo lo han hecho?
  • Jefe, ¿están haciendo lo que yo creo?
  • ¡Se están burlando de mí, y por tanto del orgulloso cuerpo de Policía de Canadá! ¿Qué hacen conduciendo marcha atrás?¡No voy a permitir esta conducta ni un minuto más!
  • ¿Adónde va, jefe? ¡Oh, claro! El lanzacohetes...
  • Hermano, eres un genio. ¡Vamos, cerdos! ¡Venid a por nosotros!
  • Creo que va a ser mejor que huyamos. No querrás eso metido en tu culo esta noche.
  • ¿Qué? ¿Por qué? Espera... ¡¡Eso es un cohete!! ¡Ahahaha! ¡Parece que al jefe le caemos gordos! ¡Vamos a...! ¿Eh?
  • No puede ser...
  • Maldita sea... el motor...
    *CRASH*
  • Jefe, tiene usted una puntería excelente. ¿Pero no cree que es excesivo?
  • Puede que para ti sí, porque tienes sangre francesa, pero por mis venas corre sangre americana. No puedo permitir tamaño ultraje a los símbolos nacionales.
  • Pero...
  • Id a recoger los cuerpos.
Sucedía que el coche estaba en ese momento en un puente sobre el río Ottawa, y el impacto del cohete unido a la antigüedad de la estructura lo derrumbó.
Los hermanos se dieron por muertos, pero el coche fue bajando por el río hasta parar en una cabaña en el bosque.



SEGUNDO CAPÍTULO
“DE LA INFERENCIA POSTCYBERPUNK ANTE LA PIPA DE GANDALF”

Lou salió de su choza y vio el coche justo delante de él. Después de comprobar que no había nadie dentro, se divirtió destrozándolo con el hacha hasta que decidió prenderle fuego. Tras la explosión se colocó con cuidado su enorme sombrero de copa, se ajustó la pajarita, recogió su material y salió del bosque con una gran sonrisa en su cara, decidido a afrontar una nueva jornada laboral.
Antes de continuar deberíamos aclarar su profesión. Lou se encargaba de limpiar la ciudad de lo que ya no valía, de lo inútil, de la contaminación que generaba... la basura. Era un oficio humilde, pero le llenaba. Se sentía feliz haciéndolo y no le importaban las críticas negativas que casi siempre recibía su trabajo. Bien, aclarado ésto podemos continuar.
Por fin en la ciudad. Pese a las numerosas veces que lo recorrió, el camino siempre le pareció demasiado largo. Quizá debería mudarse a un lugar algo menos alejado... Nada más salir del siempre frecuentado bar, se encontró con una “mujer” de unos 80 años sentada en su silla de ruedas. Probablemente la utilizaría por su sobrepeso o porque las piernas ya casi no le funcionaban. Lamentablemente estaba acompañada, pero Lou sabía distraer bastante bien a la gente. Una vez solos, se la llevó a un callejón cercano. Aquellos hediondos ojos miraban confusos hacia atrás mientras nuestro afable protagonista agarraba su machete. Al llegar al fondo del callejón se pusieron cara a cara y, tras un pequeño silencio, balbuceó algo que Lou entendió como “¿qué vas a hacer?”, a lo que respondió con “sanear”. Entonces los “brazos” y “piernas” de ese ser inmundo empezaron a derramar sangre hasta que acabaron separados del resto del cuerpo. Durante el proceso, aquella cosa no dio problemas, pues no era capaz de alzar la voz para llamar a su antiguo acompañante. A Lou le gustó ese detalle. Era tan modesto que prefería trabajar a solas para que nadie le atribuyese el mérito. Además, desmembrarla no le llevó mucho tiempo, su pútrida carne estaba exageradamente blanda y el machete concienzudamente afilado. A continuación tocaba la parte que menos le gustaba: tirar los restos. El simple hecho de pensar en tocar aquella “piel” era repugnante, incluso antes de empezar el trabajo. Pero había que hacerlo. Alguien debía hacerlo.
Antes de deshacerse de lo que quedaba de aquel horrendo ser, Lou decidió guardar la enorme y asquerosa papada como trofeo, así que la separó del resto y la guardó en una bolsa... dentro de otras tres. Volvió al bar a lavarse las manos y decidió buscar un poco más, todavía era temprano.
Después de limpiar un poco el colegio para los “especiales”, la jornada tocó a su fin. Lou completó su pequeña contribución para conseguir un mundo mejor y volvió a casa. Mientras caminaba, se indignó de nuevo con aquella escuela. “Especiales” siempre le pareció un adjetivo demasiado benévolo para describir a aquellos engendros de la naturaleza. Y que intentasen proporcionarles una enseñanza le parecía una tomadura de pelo inmensa. Con la de seres humanos que lo necesitan y les dan el dinero a esas aberraciones a los que algunos tienen la desfachatez de llamar “personas”...
Nuestro amigo llegó a su cabaña, colocó su trofeo junto al pedestal de Darwin, se tranquilizó con un chocolate caliente y se tumbó en cama con la esperanza de tener dulces sueños.
Lo que no os he contado es que un corrupto servidor de la ley, policía si lo preferís, había estado siguiendo a Lou hasta su cabaña y estaba dispuesto a matarle...



TERCER CAPÍTULO
DEL ENCUENTRO ENTRE PANDHO Y MOLLY”

PANDHO.- Dime, Molly, ¿estuviste tú mismo con Lou cuando feneció en su cabaña, o lo que sabes de sus últimas horas te lo refirió alguien?
MOLLY.- Estuve yo mismo.
PANDHO.- ¿Qué dijo Lou antes de morir y cómo murió? Me agradaría saberlo, porque no hay hoy día un ciudadano de Gotham City que esté en relación con Pueblo Lavanda y que nos haya podido dar más informes de este asunto, sino que Lou murió mientras descansaba en la cabaña. Más, no hemos sabido.
MOLLY.- ¿Entonces ignoras cómo ocurrió el trance?
PANDHO.- Esto sí; alguien nos dijo, y nos extrañamos mucho, que Lou no murió hasta mucho después de los sucesos en Black Mesa. ¿A qué se debió esto, Molly?
MOLLY.- A una casualidad: […]. Por esto permaneció tanto tiempo en Pueblo Lavanda.
PANDHO.- ¿Y qué hizo el día de su muerte? ¿Qué dijo? ¿Quién de sus amigos estuvieron aquel día? ¿Prohibió el consejo de ancianos que fueran a visitarle y murió sin que le asistieran sus amigos?
MOLLY.- Nada de eso; le acompañaron sus amigos, y por cierto muchos.

Molly vierte el contenido de la tetera en su taza. Se bebe el té.

MOLLY.- No hay para mí placer mayor que recordar a Lou, bien sea hablando de él u oyendo hablar de él a otros.
PANDHO.- Puedes estar persuadido que la misma es la disposición de los que te escuchan. Cuéntame todo detalladamente, ¿dispones de un poco de tiempo para un viejo amigo?
MOLLY.- No.





SE FINÍ









P.D: Molly huye corriendo.








AUTORES:
Prólogo por Gorgran "El Potac"
Primer Capítulo por Dr. Robopollo
Segundo Capítulo por Krispy Kream McDonald Jr.
Tercer Capítulo por Sexy Boy


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